La ignorancia.
Si una persona, ignora, por completo, que, su destino final, es, el de desaparecer, y el aparecer, en el cosmos, infinitas veces, esa persona, ignora, en que consiste, su vida eterna, y por tanto, esa persona, se parece mucho, a un animal, más, del planeta tierra.
Y por tanto, esa persona, se compra, una tumba, en el mundo, y se inventa, un futuro epitafio, para su tumba, en el colmo, de su ignorancia.
Es decir, esa persona, se parece mucho, a los fariseos del siglo I, enemigos de Jesucristo (Sepulcros blanqueados).
Javier Rubio Ortín
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