La vida humana, sin cadáveres.
Es la vida humana, natural.
Es, la única, vida humana, que es, del completo, agrado, de Dios.
Así fue, la vida humana, durante, una eternidad, cuando, esa vida humana, no sabía, lo que era, el sufrimiento, o mal.
Y así, debe de ser, también, la vida humana, conocedora, de lo que es, el sufrimiento, o mal, por causa, del interior tenebroso, del planeta tierra.
Cuando, el mundo, se apercibe, por fin, de que, la vida humana, en realidad, carece, enteramente, de cadáveres humanos, entonces, es, cuando, se produce, la resurrección, de los muertos, anunciada, en la Biblia.
Es decir, Jesucristo, resucitó, de entre los muertos, cuando, el mundo, se dio cuenta, por fin, de que la persona, de Jesucristo, en realidad, careció siempre, de cadáver.
Javier Rubio Ortín
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