Las dos esperanzas, de un católico.
1ª Que Dios, lo libere del mal, por completo, cuando, su persona, sufra, una cierta cantidad exacta de mal, (X) (Es decir, no (X + 1), ni (X – 1)), lo mismo, que a Jesucristo, en la cruz.
2ª Que Dios, después, de esto, con su poder, transmute, para siempre, a su persona, en una persona, eternamente joven, de veinte años, tal y como, hizo, hace, dos mil años, con la v. María, anciana.
Javier Rubio Ortín
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