Las personas, hombres, y mujeres, desconocedoras del mal.
Son, el argumento de un sueño, potencialmente, plenamente feliz, eterno, sin ningún comienzo, y sin ningún final, que, por tanto, desconocen, por completo, que son, el miedo, el odio, al asco, las vergüenzas, los defectos, los errores, la delincuencia, los problemas, las equivocaciones, la violencia, las desgracias, la tristeza, la locura, las mentiras, las enfermedades, la vejez, y que ignoran, por completo, que puede ser, eso, de la muerte cadavérica.
Pues bien, eso, éramos, absolutamente, todas las personas, hombres, y mujeres, hace, unos diez mil años, poco antes, de desobedecer a Dios, y engañadas, por el diablo, invadir, por tanto, a los interiores tenebrosos, de unos veinte planetas del cosmos, entre ellos, el planeta tierra, o el planeta ummo, y por tanto, conocer, lo que era, el mal, en toda su plenitud.
Javier Rubio Ortín
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