Le pido a mi Dios…
Que varíe, de tal manera, a la felicidad humana, que, en la vida, de toda persona, que concluya, felizmente, su redención sufrida del mal, haga aparecer, para siempre, un diamante, cuya fealdad-asimetría, sea: 0,0000000000001, solamente, valorado, en el mundo, en millones, de euros.
Javier Rubio Ortín
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