Los dos destinos, finales, posibles, de una persona.
1º Transmutarse, en Dios, invisible, a los ojos humanos, eterno, e inmortal, mientras duerme, por medio, de puro placer.
2º Transmutarse, en los gases, de un horrible cadáver, durante su vigilia, por medio, de una terrible agonía.
Y por tanto, si en el cómputo general, sueño-vigilia, una persona, tiende, hacia el sueño, esa persona, tiende, hacia su inmortalidad….
… Y si una persona, en ese cómputo general, tiende, hacia su vigilia, esa persona, tiende, hacia las enfermedades, y la muerte.
Es decir, las personas, nos volvemos inmortales, como Dios, mientras dormimos, y nos enfermamos, mientras, estamos despiertas, a la vigilia.
Javier Rubio Ortín
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