Los frutos de la fe cristiana.
1º Liberarse, del mal, para siempre, tras sufrir, en el mundo, una cierta cantidad, de ese mal.
2º Heredar, la vida eterna, no convertirse, jamás, en un cadáver, o desaparecer, y aparecer, en el cosmos, un número ilimitado, de veces, sin sufrir, jamás, una agonía, de por medio.
3º Convertirse, por medio, del poder salvador de Dios, en unos cosmonautas de ese Dios (Hijos de Dios), viajeros, libres, por el cielo, y por los universos del cosmos.
Todos, los que creyeron, en las predicaciones, de los verdaderos apóstoles, de Jesucristo, obtuvieron, estos, premios finales.
Javier Rubio Ortín
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