Nuestros cuerpos, se tienen, que deshacer…
¡¡¡Para, transmutarse, en unos diamantes, eternos, o inmortales, invisibles, a los ojos, que, contemplan, el sol!!!
Si no fuera, así, nuestras inmortalidades, no serían, posibles.
Y nuestros cuerpos, se transmutan, en esos, diamantes, eternos, inmortales, por medio, de las conciliaciones, de unos sueños, plenamente felices, es decir, sin ninguna enfermedad, de por medio, es decir, sin ningún dolor, de por medio.
Y cuando, nuestros cuerpos, se transmutan, en esos diamantes, eternos, o inmortales, entonces, las personas, nos curamos, absolutamente, todas nuestras enfermedades, y viajamos, al cielo.
Pero, a todo esto, el mundo, siempre, infinitamente torpe, lo llama, la muerte cadavérica.
Javier Rubio Ortín
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