Piscinas.
Pueden ser, esas piscinas, más, o menos, duras, regulares, simétricas, ordenadas, o bellas, en sus geometrías (Más parecidas a Dios).
Y esas piscinas, pueden contener, unas aguas, más, o menos, mineralizadas, en sus interiores.
Y por tanto, una piscina, tiende a unir, o tiende, a mineralizar, a la persona, que se baña, en ella, en una medida, que, es, directamente proporcional, a la regularidad-dureza, que posee, esa piscina, en su geometría (Más parecida a Dios), y a lo mineralizada, que esté, el agua, que contiene, dicha piscina, en su interior.
Y cuanto, mayor, poder mineralizador, posea, una piscina, un mayor poder, terapéutico, poseerá, esa piscina, para las personas, que se bañan, en ella.
Javier Rubio Ortín
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