Por unas personas, libres de enfermar.
Jesucristo, hace, dos mil años, jamás tuvo, que enfermar, para redimirse, pues, todo el sufrimiento, que, Dios, le había asignado, al nacer, lo completó, Jesucristo, por medio, de su crucifixión.
Y s. Pablo, tampoco tuvo, que enfermar, para redimirse, pues, s. Pablo, se redimió, enteramente, por medio, de los peligros del mundo.
Y s. Pedro, pues, tampoco tuvo, que enfermarse, jamás, pues, s. Pedro, se redimió, por medio, de su crucifixión.
Y por tanto, le pido a Dios, que, por medio, de su providencia, todas aquellas personas, que sufran, peligros de muerte, en el mundo, como, s. Pablo, pues, jamás se enfermen, de ninguna enfermedad, en dicho mundo, antes de alcanzar, estas personas, sus salvaciones finales, a sus vidas eternas, de cosmonautas.
Javier Rubio Ortín
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