Siempre, deseando lo mejor, a todos, tanto, a los amigos, como, a los enemigos…
Es decir, deseando, siempre, tanto, a nuestros amigos, como, a nuestros enemigos, que, Dios, por medio, de su poder salvador, los vuelva, muy pronto, unos cosmonautas, suyos, totalmente liberados-purificadlos, del mal, y viajeros, libres, eternos, inmortales, como, Melquisedec, por el cielo, y por el cosmos, por medio, de sus millones de naves.
Javier Rubio Ortín
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