Una persona, es transmutada, por Dios, en un diamante, puro…
…Es decir, un diamante, eterno, o inmortal.
…Por medio, de una fuerza, de unión.
Y por tanto, esa persona, se queda, 100 % dormida, tras dejar, de respirar, y tras dejar, de latirle, su corazón, de una forma, totalmente placentera, es decir, sin ninguna enfermedad-dolor-muerte, de por medio.
Y esa persona, se vuelve invisible, a los ojos humanos.
Y esa persona, habita, en el cielo.
Este fue, el destino de Enoc.
Este fue, el destino, de Elías.
Este fue, el destino, de Jesucristo, tras su crucifixión.
Este fue, el destino, de la v. María.
Este fue, el destino, de s. Pablo.
Este fue, el destino, de s. Pedro.
Y este fue, el destino, de mi madre anciana, hace unos años.
Javier Rubio Ortín
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