Una persona, que, la van a guillotinar…
Un instante antes, de que le corten, la cabeza, a esa persona, Dios, la hace habitar, a esa persona, en el cielo, lo mismo, que a Jesucristo, en el episodio, de su transfiguración, es decir, sin ningún dolor, de por medio…
Y por tanto, cuando, le guillotinan, a esa persona, su cabeza, esa persona, ya no vive, en el mundo, sino, que vive, en el cielo, y por tanto, esa persona, no se entera, para nada, en absoluto, de que le han guillotinado, su cabeza…
Y poco después, Dios, vuelve, invisible, a los ojos humanos, al cuerpo decapitado, de esa persona, y de esa manera, concluye, la salvación, de la muerte cadavérica, de esa persona, condenada a muerte, en el mundo.
Javier Rubio Ortín
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