¿Para que, no vino, Jesucristo, al mundo?
Pues, para intentar arreglar, a ese mundo, es decir, para intentar, que la vida del mundo, fuera perfecta.
Es decir, Jesucristo, jamás vino, al mundo, para intentar embellecer, a toda la obra del diablo.
Javier Rubio Ortín
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