La abducción, y la muerte.
La abducción, de una persona.
Esa persona, se queda, 100 % dormida, en el cielo, y posteriormente, esa persona, se despierta, de ese sueño celestial, en otro lugar diferente, del cosmos, que, en el que, se ha dormido, previamente.
Esa persona, en todo este proceso, sueño-vigilia-sueño-vigilia-sueño-vigilia, deja de respirar, y deja de latirle, su corazón, transitoriamente (Corazón, y pulmones, completamente dormidos, transitoriamente), siempre, de una forma, 100 % placentera.
Esa persona, se endurece, convirtiéndose, en un mineral, transitoriamente, al dormirse, y posteriormente, esa persona, se reblandece, cuando, se despierta a la vigilia.
Cualquier persona, completamente sana, puede ser abducida, potencialmente, en cualquier momento, de su vida, mientras duerme, y sin enfermarse, jamás, de ninguna enfermedad.
Y por tanto, esa persona, abducida, desaparece, y aparece, en el cosmos, un número ilimitado, de veces, sin convertirse, jamás, en un cadáver.
Y por tanto, esa persona, abducida, como, Melquisedec, posee, una vida eterna, o una vida inmortal, que jamás, tuvo, un inicio, y que jamás, puede tener, un final.
La muerte de una persona.
Esa persona, se despierta, por completo, a su vigilia, enfermándose previamente, y sufriendo, finalmente, una larga, y terrible, agonía.
A esa persona, se le mueren, tanto, su corazón, como, sus pulmones, por medio, de un terrible dolor.
Esa persona, se acaba pudriendo, enteramente, y por tanto, esa persona, se convierte finalmente, en un horrible cadáver, completamente reblandecido.
Hace dos mil años, los apóstoles de Jesucristo, predicaban, en el mundo:
Toda persona, que crea, en Jesucristo, finalmente, será abducida, o esa persona, conquistará, su vida eterna (Vida inmortal), en lugar de morirse.
Porque, Jesucristo, hace dos mil años, tras su crucifixión, liberadora del mal, fue abducido, o conquistó, su vida eterna, en lugar de morirse.
Javier Rubio Ortín
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