Dios, y los misterios.
En Dios, no caben, la existencia, de los misterios, o las tenebrosidades.
Y por tanto, en la ciencia de la verdad, pues, tampoco caben, la existencia, de misterios, o tenebrosidades.
Y por tanto, el Espíritu Santo, enseña, a las personas, una ciencia, que, carece enteramente, de misterios, o tenebrosidades.
Y por tanto, si una persona, enseña, una ciencia, llena de misterios, o tenebrosidades, es debido, a que, esa persona, no se ha dejado enseñar, por el Espíritu Santo, como, es debido.
Javier Rubio Ortín
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