Amaos, los unos a los otros, como yo, os he amado.

Amaos, los unos a los otros, como, yo, os he amado.

 

 

 

Es decir, amaos, los unos a los otros, como, unos Hijos-Hijas, de Dios, que tienen, su única casa permanente, en la inmortalidad de Dios-Padre, y después, se mueven, libremente, dentro de sus mentes, por toda la creación entera, por medio, de millones de naves, aunque, transitoriamente, esos, Hijos-Hijas de Dios, se vean forzados, a vivir, en el interior tenebroso de un planeta, como, el planeta tierra, una vida prohibida por Dios, pero solamente, hasta terminar, de redimirse del mal, por medio, de sus vidas sufridas.

Y por tanto, sufrir, los unos, por otros, es decir, sobrellevad, los unos, las cargas, de los otros, para poder liberaos del mal, todos, por medio, de la justicia de Dios.

 

 

Javier Rubio Ortín

 

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