Cuando, la sabiduría humana, se ama, a si misma….

Cuando, la sabiduría humana, se ama, a sí misma…

 

 

 

 

Se da cuenta, por fin, esa sabiduría, de que, piense, lo que piense, está hecha, siempre, solamente, de una felicidad, más, o menos, grande, nada más, y por tanto, se da cuenta, por fin, de que, no está hecha, ni de sesos, ni de neuronas, es decir, se da cuanta, por fin, esa sabiduría, de que, no está hecha, de algo ajeno, a la felicidad, o el amor, mezclado, con la paz, mezclado con la belleza, mezclado, con el amor, y mezclado, con la libertad.

Y se da cuenta, asimismo, esa sabiduría, de que piense, las ideas, que piense, solo son ideas, lo que piensa, y por tanto, no piensa, nunca, a nada exterior, o nada ajeno, a si misma.

Es decir, se da cuenta, esa sabiduría, por fin, de que piense, a las ideas, acerca de un sueño feliz, o piense, a la idea acerca de la luna, o piense, a la idea acerca de un cielo nocturno, o piense, a las ideas acerca del sol, o piense, a las ideas, acerca de los cuerpos humanos, esa sabiduría, solo piensa, unas ideas, más, o menos, felices, nada más, y por tanto, nunca piensa, a algo exterior, o algo ajeno, a si misma.

Y por tanto, esa sabiduría, se da cuenta, por fin, cuando, se ama,  a si misma, de que, absolutamente, todo el cosmos, está contenido, en ella, en forma de unas ideas, más, o menos, felices.

Y por tanto, se da cuenta, esa sabiduría, cuando, se ama, a sí misma, de que, absolutamente, todo lo que existe, o puede existir, solo es, ella misma, más, o menos, feliz, o ella misma, contemplada, desde unos diferentes ángulos.

 

 

Javier Rubio Ortín 

 

 

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