Le pedí a Dios, que, me enseñara, la verdad….
….Y Dios, me respondió, enseñándome, siempre, por medio, del argumento, de mi vida onírica, nada más, es decir, nunca, por medio, del argumento de mi vida de vigilia, la ciencia, que poseíamos, absolutamente, todas las personas, antes de invadir, hace diez mil años, el interior tenebroso, del planeta tierra, es decir, antes de volverse, esas personas, completamente ignorantes, por causa, del mal infinito, de dicho, interior tenebroso, del planeta tierra, y por tanto, cuando, todas, esas personas, eran, cosmonautas, viajeras, nómadas, eternas, inmortales, por todo el cosmos, desconocedoras del mal, por completo.
Y esa ciencia, es extremadamente simple, pues, dicha ciencia, solo se dedica, a estudiar, a las infinitas formas, posibles, que adquiere, o puede adquirir, potencialmente, la felicidad humana (Felicidad humana = Amor + Paz + Belleza + Libertad), al variar, su magnitud, entre su máxima expresión (Dios, la nada), y su mínima expresión (Fuego, o muerte).
Javier Rubio Ortín
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