La historia, de un sacerdote, muy bondadoso.
Que, no se cansó, nunca, de amar, a su prójimo, y de amar al Dios, verdadero.
Pues, tras sufrir, en el mundo, el sufrimiento, que, Dios, le tenía asignado, al nacer, en el mundo, se limpia de todo su pecado, es salvado, por Dios, de su muerte cadavérica, y es purificado, por ese mismo Dios, de toda influencia, del planeta tierra, y habita, después, en una nueva creación, hecha, de un 100 % de bien, y de un 0 % de mal, olvidándose, por tanto, de que existe, el mal, para siempre.
Javier Rubio Ortín
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