Dios, finaliza el mundo.
Es decir, Dios, deshace, toda la obra del diablo.
Es decir, Dios, finaliza, toda presencia del mal, en la vida humana.
Es decir, Dios, convierte, a todas las personas, hombres, y mujeres, que habitan, el interior del planeta tierra, en unos Hijos de Dios, e Hijas de Dios, viajeros, libres, por todo el cosmos (Sacerdotes, y sacerdotisas, según el orden de Melquisedec), totalmente purificados, de la influencia del planeta tierra, o mal, y con su única casa permanente, en el sueño eterno, del reino de los cielos, el cielo, y la eternidad.
Javier Rubio Ortín
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