Los hijos (E hijas), de Dios.
Tras concluir, sus redenciones del mal, por medio, de sus vidas sufridas, en del mundo, como, Jesucristo, estas personas, se salvan, o se vuelven invisibles, en ese mundo, a la vista de todos, los presentes, de manera, que, todos esos presentes, comprenden, perfectamente bien, que esas personas, no se han muerto, realmente, sino, que, esas personas, continúan viviendo, ya sea, en el cielo, ya sea, en otro lugar del cosmos, porque, esas personas, carecen, por completo, de unos cadáveres suyos, en el mundo.
Javier Rubio Ortín
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