Contemplar, a una persona dormida, y contemplar, a una persona muerta….
Una persona dormida, en su tendencia, a ser, plenamente feliz, o en su camino, de convertirse, en un diamante, 100 % puro, puede, dejar de respirar, puede, dejarle de latir, su corazón, pero, esa persona, dormida, siempre simétrica, ordenada, o endurecida, tarde, o temprano, se vuelve invisible, a los ojos humanos, o esa persona, tarde, o temprano, desaparece de la felicidad, de las personas, que viven, en el mundo, y aparece, en la felicidad, de las personas, que habitan, en el sueño eterno, del reino de los cielos, el cielo, y la eternidad.
Y una persona, muerta, en su camino, de volverse, de felicidad nula, o en su camino, de convertirse en gases, deja de respirar, deja de latirle, su corazón, pero, el cadáver, de esa persona, completamente, asimétrico, desordenado, o reblandecido, si no es resucitado por Dios, nunca, se vuelve, invisible, a los ojos humanos, o nunca, desaparece, de la felicidad, de las personas, que viven en el mundo.
Javier Rubio Ortín
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