El destino natural, de cualquier, enfermedad, humana.
Absolutamente, todas las personas, que vivimos, en el cosmos, somos, en realidad, viajeras, nómadas, cosmonautas, por todo ese cosmos, y tenemos, nuestra única casa, permanente, en la inmortalidad-eternidad, de Dios-Padre (Felicidad máxima).
Y por tanto, lo natural, es que, absolutamente, todas las personas, seamos, eternas, o inmortales, como Dios-Padre, o nuestra felicidad máxima (Nuestra, única casa natural).
Y por tanto, el único, destino natural, de cualquier enfermedad humana, es, su curación total, 100 % segura, y además, sin dejar, esa enfermedad, ningún rastro, en la persona curada.
Porque, cualquier enfermedad humana, es simplemente, una cierta infelicidad, que se cura, enteramente, cuando, esa infelicidad, se torna, la felicidad máxima, posible.
Y por este motivo, hace, dos mil años, Jesucristo, curaba, a todas las enfermedades, sean, cuales fueran, esas enfermedades, porque, detrás, de todas esas curaciones milagrosas, de enfermedades, realizadas por Jesucristo, estaba, solamente, la salvación, o la inmortalidad, finales, de todas esas personas enfermas, ya curadas.
Es decir, ninguna persona, a la que, Jesucristo, le curó, una enfermedad, hace dos mil años, sufrió después, su muerte cadavérica, jamás, sino, que esa persona, finalmente, fue salvada, a su vida eterna de cosmonauta, viajero, libre, eterno, por todo el cosmos.
[Persona inmortal] + Infelicidad =[Persona sana] + Infelicidad = [Persona, enferma] + Infelicidad = [Persona muerta]
[Persona enferma] + Felicidad = [Persona sana] + Felicidad = [Persona inmortal]
Javier Rubio Ortín
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