¿A que vino, Jesucristo, al mundo?
Pues, a sanar, a los corazones, afligidos, por la muerte cadavérica, por medio, del conocimiento verdadero, de lo que es, la salvación, de dicha muerte, cadavérica.
A liberar, a los cautivos, por medio, de su salvaciones, de la muerte cadavérica, es decir, a convertir, a esos cautivos, en unos cosmonautas de Dios, eternos, o inmortales, viajeros, libres, por todo el cosmos, con su única casa, permanente, en Dios-Padre.
A salvar, a los condenados a muerte, en el mundo, por medio, de sus conversiones, en unos cosmonautas de Dios, viajeros, libres, por todo el cosmos, con su única casa, permanente, en Dios-Padre.
A predicarles, a los pobres del mundo, el evangelio, es decir, a enseñarles, a esos pobres del mundo, que cuando, por medio, de sus pobrezas, sufran lo que Dios, les había asignado, al nacer, serán convertidos, todos ellos, por el poder salvador de Dios, en unos cosmonautas, viajeros, libres, eternos, por todo el cosmos, con su única casa, permanente, en Dios-Padre.
A que las personas, cuyas inteligencias, están cegadas, por el mundo, o interior del planeta tierra, recuperen la vista, de nuevo, y por tanto, se den cuenta, estas personas, de que, son, en realidad, unos cosmonautas de Dios, viajeros, libres, por todo el cosmos, pero, perdidos, o extraviados, transitoriamente, de forma lamentable, en el interior del planeta tierra, desde hace unos diez mil años.
A enseñar, a las personas, oprimidas por el mal, que esas opresiones por el mal, que sufren, ya se les están convirtiendo, de una forma segura, en una justicia divina, que, tarde, o temprano, las liberará del mal, para siempre, de una manera justa, haciéndolas habitar, por tanto, en una nueva creación, hecha, de un 100 % de bien, y de un 0 % de mal.
Javier Rubio Ortín
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