Beber toda la sangre de Jesucristo.

Beber toda la sangre de Cristo.

Es decir, sufrir, matemáticamente, lo mismo, que sufrió, Jesucristo, pero, eso sí, a lo largo, de muchos años, de vida mundana, y concluyendo, todos esos sufrimientos de Cristo, con un leve, dolor de cabeza, como, sufrimiento final.
Y después, exclamar, como, s. Pablo:
¡¡¡Ya nadie, me haga sufrir, más, pues yo, ya he sufrido, lo mismo, que Jesucristo!!!

Javier Rubio Ortín

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