Buenos, y malos, médicos.
Cuando, una persona, cualquiera, tiende a volverse, completamente infeliz, en su vigilia, mundana, esa persona, tiende a pudrirse, o gasificarse, y convertirse, por tanto, en un cadáver.
Y cuando, una persona, tiende a volverse, plenamente feliz, ya despierta, ya dormida, esa persona, tiende a curarse, todas sus enfermedades, y convertirse, en un diamante, puro, eterno, o inmortal.
Y por tanto, los médicos buenos, siempre, tienden a volver, felices, a las personas, enfermas, aunque sea, por medio, de engañar, a esas personas enfermas, con unos medicamentos falsos.
Y por tanto, los médicos buenos, le rezan a Dios, para que por medio, de su poder, salve a sus enfermos, y por tanto, vuelva, a sus enfermos, un diamante, invisible a los ojos humanos, mientras duermen, como hizo, con Enoc.
Y los médicos, malos, en cambio, tienden a volver, a sus enfermos, completamente infelices, y por tanto, los médicos malos, tienden a convertir a sus enfermos, en unos cadáveres, a marchas forzadas, a base de disgustos, y desesperanza.
Javier Rubio Ortín
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