Dos cosas, incompatibles, entre sí.

Dos cosas, incompatibles, entre sí.

Ser, un discípulo, de Jesucristo, y ser, a la vez, un sepulcro blanqueado, amante, por tanto, de la muerte cadavérica, potencial, de todas, las personas.
¿Por qué, motivo?
Pues, porque, Jesucristo, nunca poseyó, un cadáver suyo, en el mundo, sino, que, Jesucristo, tras sucrucifixión, se dedicó, a desaparecer, y a aparecer, en el cosmos, un número ilimitado, de veces.

Verdadero amor a Jesucristo = ¡¡¡El amor, a una vida humana, sin cadáveres!!!

Javier Rubio Ortín

Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


× siete = 7