El cielo, la casa natural, verdadera, de todas las personas.

El cielo, la casa natural, verdadera, de todas las personas.

Y por tanto, las personas, viajamos, al cielo, sin ningún dolor, de por medio, es decir, sin ninguna enfermedad, de por medio, es decir, sin ninguna muerte cadavérica, de por medio.
Y por tanto, el cielo, no es, de ningún modo, la tumba, de todas las personas.
Y las personas, viajamos, al cielo, nuestra casa natural, en cuerpo, y alma, es decir, quedándonos, 100 % dormidas, y desapareciendo, del cosmos, sin dejar rastro.
Y cuando, las personas, vivimos, en nuestra casa, natural, en el cielo, las personas, somos inmortales, como Dios.
Y viajando, al cielo, muchas veces, las personas, podemos, ser, completamente libres, en todo el cosmos, por medio, de la libertad de Cristo, es decir, desapareciendo, y apareciendo, en el cosmos, muchas veces.

Javier Rubio Ortín

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