El cuerpo de Dios.
Es un diamante puro, de belleza (Simetría), máxima, invisible, a los ojos humanos.
Es la felicidad humana, en su máxima expresión.
Es un sueño humano, plenamente feliz, vacío, de todo contenido.
El cuerpo de Dios, es por tanto, la suma, de todos los cuerpos, de unas personas, plenamente felices, mientras duermen.
Y por tanto, la persona, que mata, a su cuerpo físico, mata también, al cuerpo de Dios.
Javier Rubio Ortín
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