El final del mal, en una vida humana.
Está bien, el pedírsela a Dios, y ese Dios, ajusticiará a esa persona, para que cuando, ese ajusticiamiento, de esa persona, concluya, esa persona, se pueda olvidar, de lo que es el mal, para siempre, y por tanto, esa persona, quede, completamente limpia, de su pecado, para siempre.
Y por tanto, esa persona, 100 % justa, habite, desde ese momento, en una nueva creación, hecha de un 100 % de bien, y de un 0 % de mal.
Javier Rubio Ortín
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