El ladrón, que finaliza, el mundo.
Es decir, Jesucristo, el ladrón, que le roba, a todas las personas, al mundo, y las vuelve, a esas personas, los tripulantes jóvenes, de los millones, de naves de Dios, viajeras, libres, por el cielo, y por todo el cosmos.
Y todo esto, haciendo, ese ladrón, Jesucristo, el menor ruido posible, en ese mundo.
Javier Rubio Ortín
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