Jesucristo, se convierte, en un diamante.
Y por tanto, Jesucristo, no muere, en la cruz, y por tanto, Jesucristo, no explosiona, convirtiéndose, en un cadáver.
Y cuando, Jesucristo, ya se había convertido, en un diamante, de una forma, casi total, su resto, inerte, en el mundo, antes de volverse invisible, en dicho mundo, es traspasado, por la lanzada, de un soldado romano, y de ese resto, inerte, salen, agua, y sangre.
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