La condenación eterna.
Si una persona, cualquiera, tras concluir, su redención, se quiere olvidar, para siempre, de la existencia del mal, pues, Dios, se lo concede.
Pero, si una persona, cualquiera, tras concluir, su redención, prefiere, seguir, estando sometida al mal, durante, mil años, más, pues, Dios, se lo concede.
Y si una persona, cualquiera, tras concluir, su redención, prefiere, seguir sometida, al mal, durante, un millón de años, más, pues, Dios, se lo concede.
Es decir, si una persona, quiere sufrir, lo mínimo, pues, Dios, se lo concede.
Pero, si una persona, prefiere, continuar sufriendo, durante, un millón de años, seguidos, más, pues, Dios, se lo concede, también.
Y si una persona, prefiere, sufrir eternamente, pues, Dios, se lo concede, también.
Javier Rubio Ortín
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