La fugacidad, del pecado.
Una persona, cualquiera, vive, en pecado, no porque, el argumento, de su vida en el mundo, carezca de la debida belleza, sino, porque, esa persona, vive, transitoriamente, en un lugar, prohibido por Dios, a todas las personas, que es, el interior tenebroso, del planeta tierra.
Y por tanto, el pecado, de esa persona, no tiene, absolutamente, nada que ver, con el argumento moral, de la vida mundana, de esa persona, sino, solamente, con la estancia transitoria, de esa persona, en el interior del planeta tierra.
Es decir, una persona, que vive, en el interior del planeta tierra, es pecadora, de igual manera, ya sea, esa persona, una persona, muy bondadosa, ya sea, esa persona, una persona, muy malvada, llena de malas acciones, y por tanto, el pecado, de esa persona, ya buena, ya malvada, se limpia enteramente, cuando, esa persona, ya buena, ya malvada, sufre, una cierta cantidad de mal, de parte, del planeta tierra, es decir, lo que es lo mismo, cuando, esa persona, ya buena, ya malvada, vive, un cierto tiempo, en el interior del planeta tierra.
Y cuando, una persona, ya buena, ya malvada, se limpia enteramente, de su pecado, como, hizo, Jesucristo, con su pasión, es decir, sufriendo, en el planeta tierra, el mal, que, Dios, le había asignado, previamente, esa persona, habita, desde entonces, en una nueva creación, hecha, de un 100 % de bien, y de un 0 % de mal, para siempre, o por toda la eternidad, es decir, esa persona, es salvada por Dios, esa persona, es consolada por Dios, y esa persona, es purificada por Dios, de toda influencia maligna, proveniente, del interior tenebroso del planeta tierra.
Javier Rubio Ortín
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