La pobreza, redentora, o la pobreza, liberadora, del mal.
Le pido a Dios, que, todas las personas, pobres de solemnidad, del mundo, es decir, que, todas las personas, que, apenas, tienen dinero, para alimentarse, cada día, tras concluir sus redenciones sufridas del mal, se salven, o conquisten, sus vidas eternas (es decir, se vuelvan, invisibles, a los ojos humanos), todas estas personas, sin haber sufrido, jamás, ninguna enfermedad seria, de por medio.
Javier Rubio Ortín
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