La salvación, y la muerte.
La salvación, de una persona, es la inmortalidad, de esa persona, por medio, del evangelio, y es, asimismo, también, la desaparición, de esa persona, del mundo.
Y la muerte, de una persona, es, la putrefacción total, de esa persona, en el mundo.
Y por tanto, si una persona, se salva, pues, entonces, esa persona, no se muere.
Y por tanto, si una persona, se muere, pues, entonces, esa persona, no se salva, sino, que se condena.
Como, Jesucristo, se salvó, pero, se salvó, en su sepultura, es decir, cuando, ya nadie, se enteró, de su salvación, millones, y millones, de personas, de todo el mundo, imitando a Jesucristo, en todo, pues, también, se han salvado, a lo largo, de veinte siglos, pero, en sus sepulturas, es decir, cuando, ya nadie, se ha enterado, de este asunto.
Y por este motivo, lo normal, es que, todos los cementerios, del mundo, actualmente, carezcan, por completo, de cadáveres humanos, en sus tumbas.
Javier Rubio Ortín
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