La verdadera adoración, de la cruz.

La verdadera adoración, de la cruz.

Consiste, en esta, justicia divina:

Cuando, una persona, muy bondadosa, según el mundo, termina de sufrir, en ese mundo, una cierta cantidad de mal, redentor, esa persona, si así, lo desea, libremente, se puede hacer, una sola cosa, con Dios.

Cuando, una persona, muy malvada, según el mundo, termina de sufrir, en ese mundo, una cierta cantidad de mal, redentor, esa persona, si así, lo desea, libremente, se puede hacer, una sola cosa, con Dios.

Cuando, una persona, regular, según el mundo, termina de sufrir, en ese mundo, una cierta cantidad de mal, redentor, esa persona, si así, lo desea, libremente, se puede hacer, una sola cosa, con Dios.

Javier Rubio Ortín

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