La vida humana, pura, y la vida humana, impura.
La vida humana, pura, es, una vida humana, viajera por el cosmos, por medio, de las naves piramidales, que, no sabe, lo que es, ni el dolor, ni las enfermedades, ni la vejez, ni el odio, ni las mentiras, ni los errores, ni los miedos, ni los ascos, ni los excrementos, ni los orines, ni la violencia, ni la homosexualidad, ni la bisexualidad, que, por tanto, posee, unas sexualidades, 100 % heterosexuales, 100 % obra de Dios, eternas, inmortales, que, no claudican, jamás.
Y la vida humana, impura, es, la vida humana, encerrada, en un planeta, como, el planeta tierra.
Javier Rubio Ortín
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