Los destinos, finales, naturales, de todos los abuelos….
Si los amamos, de verdad, a esos abuelos, les debemos, de desear, que, en lugar, morirse, como, perros, en el mundo, desaparezcan, de ese mundo-cosmos, sin dejar rastro, como, unas verdaderas, personas.
Porque, mientras, los destinos finales, naturales, de todos los animales, son, el convertirse, en unos cadáveres, en el mundo, los destinos finales, naturales, de todas las personas, en cambio, son, el de desaparecer, y el aparecer, en el cosmos, un número ilimitado, de veces, dentro de unas vidas, inmortales.
Javier Rubio Ortín
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