Los trasplantes de órganos.
Una persona, cualquiera, puede tener, potencialmente, dos destinos finales:
A / Dormirse, y convertirse, por tanto, en un diamante, invisible, a los ojos humanos (Felicidad humana, contemplada desde el punto de vista, de un ángulo nulo).
B / Morirse, y convertirse, por tanto, en los gases, de un cadáver (Felicidad humana, contemplada, desde los puntos de vista, de unos ángulos, máximos).
Y por tanto, si a una persona, dormida, que, se le ha dado, por muerta, erróneamente, se le extrae, su corazón, y se le implanta, ese corazón, en otra persona, habitante del mundo, ocurre, que, una parte, del pensamiento, más, o menos, feliz, de esa persona, dormida, es compartido, por otra persona, que vive, en el mundo, y por tanto, ocurre, que, dos personas, comparten, simultáneamente, una parte de su pensamiento, más, o menos, feliz, en una cierta medida.
Y por tanto, puede ocurrir, potencialmente, que una mujer, y un hombre, completamente vivos, compartan, una cierta parte, de su pensamiento, más, o menos, feliz, de forma simultanea.
Javier Rubio Ortín
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