No está muerta, sino, que está dormida.
Hace, dos mil años, le presentaron a Jesucristo, el caso, de una niña, de doce años, que, todos creían, erróneamente, que, había muerto, pero, lo único, que había ocurrido, en realidad, es que, esa niña, había sido dormida, por el poder salvador de Dios, en el reino de los cielos, sin ningún dolor de por medio, y por tanto, el destino final, de esa niña dormida, era, el de volverse invisible, en el mundo, más tarde, o más temprano.
Y por tanto, Jesucristo, no resucitó a esa niña, de ningún modo, sino, que, Jesucristo, se limitó, simplemente, a despertarla, de su sueño eterno, a la vigilia.
Be First to Comment