Quien ama, al mundo, se enemista, con Dios.
Es decir, la persona, que ama, al interior tenebroso, del planeta tierra, sobre, todas las cosas, se enemista con Dios, y por tanto, a lo único, que aspira, esa persona, es a enfermarse, y morir, en ese interior, de dicho planeta tierra.
En cambio, la persona, que aborrece, con todas sus fuerzas, a su estancia, en el interior tenebroso, del planeta tierra, es decir, la persona, que aborrece, al mundo, con todas sus fuerzas, se hace, la amiga de Dios, y por tanto, esa persona, siguiendo el consejo de Jesucristo, planifica, su futura huida, de dicho, planeta tierra, o mundo, hacia su vida eterna de cosmonauta, viajero, libre, por todo el cosmos, que tiene, su única casa permanente, en Dios-Padre.
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Javier Rubio Ortín
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