Todas, las guerras, unas obras, del diablo.

Todas, las guerras, unas obras, del diablo.

Es decir, todas, las guerras, unas obras, del mundo (o interior tenebroso, del planeta tierra).
Y todas, las enfermedades, lo mismo, es decir, obras del diablo, es decir, obras del mundo (u obras, del interior tenebroso, del planeta tierra).
Y la vejez, lo mismo.
Y todas, las mentiras, lo mismo.
Y toda, la ciencia errada, lo mismo.
Y todas, las calamidades, lo mismo.
Y todos, los sufrimientos, lo mismo.

Javier Rubio Ortín

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