Todas, las personas, somos, unos seres, sin cadáveres, en el cosmos.
Pues, el destino natural, de todas las personas, es, el de desaparecer, y el de aparecer, en el cosmos, un número, de veces, ilimitado, dentro, de unas vidas inmortales.
Y por tanto, lo normal, es que, no haya, ningún, cadáver humano, enterrado, en el mundo.
Tanto, los egipcios, como, los mayas, utilizaban, las pirámides:
1º Para, mantenerse, libres, de enfermar, y libres, de envejecer.
2º Para, desaparecer, del mundo-cosmos, sin dejar, rastro, de forma voluntaria.
Javier Rubio Ortín
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