Todos, los dioses, y diosas.
¿Qué eran, en realidad?
Pues, unos cosmonautas, que tenían su única casa, permanente, en Dios, mismo, y después, se dedicaban, a viajar, por los universos del cosmos, por medio, de unas naves, que tenían sus hangares, en los fondos, de los mares, del planeta tierra, y que potencial, podían conocer, o podían desconocer, lo que es, el sufrimiento, o mal.
Cuando, estos dioses, y diosas, se dedicaban, a redimirse, del mal, se organizaban, entre sí, guerras.
Cuando, una persona, cualquiera, desaparecía, del cosmos, sin dejar rastro, entonces, se celebraba, en el mundo, la apoteosis, de esa persona, pues, esa persona, se convertía, en un dios, o en una diosa.
Elías, Jesucristo, María, s. Pablo, fueron, en realidad, dioses, y diosas.
Con el fin del mundo, absolutamente, todas las personas, que habitamos, en el mundo, nos convertiremos, en dioses, y diosas, según lo profetizaron, hace dos mil años, tanto, Jesucristo, como, s. Pablo.
Javier Rubio Ortín
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