Un anciano, sufre, un infarto…
Y Dios, le cura, ese infarto, a ese anciano, haciéndole, descansar, en el cielo, durante, un cierto tiempo.
Y tras, este descanso, celestial, ese anciano, continúa, viviendo, de nuevo, en el mundo, con su infarto, curado.
Hasta que, un cierto día, Dios, le hace descansar, a ese anciano, en el cielo, de nuevo, y posteriormente, le hace habitar, dentro, de una nave piramidal, completamente rejuvenecido.
Y de esa manera, es decir, por sucesivos descansos celestiales, ese anciano, es transmutado, por Dios, en un joven, inmortal, que jamás, se convertirá, en un cadáver.
Javier Rubio Ortín
Be First to Comment