Un objeto, que desaparece, o deja de existir.
Que, puede ser, perfectamente bien, un avión, en vuelo, de crucero (Cuyas personas, viajeras, son raptadas, previamente, por Jesucristo), un barco, en alta mar (Cuyas personas, viajeras, previamente, han sido raptadas, por Jesucristo), un automóvil, en una carretera, desierta (Cuyas personas, viajeras, previamente, han sido, raptadas, por Jesucristo), o simplemente, un mechero, de una persona, que, esa persona, se ha olvidado, por completo, que existía (Ese objeto, nunca, nunca, nunca, puede ser, los pensamientos, de un conjunto de personas, o el pensamiento de una persona, sola, sencillamente, porque, el pensamiento humano, o felicidad, es imposible, el que desaparezca, jamás).
Antes, de desaparecer, ese objeto, ese objeto, era, un cierto porcentaje, de la felicidad humana, máxima, pensada por una persona, o pensada, por un conjunto de personas, de forma simultánea.
Ahora, como, ya no existe, ese cierto porcentaje, de la felicidad máxima, humana, ese objeto, ha dejado de existir, automáticamente, es decir, ese objeto, ha desaparecido, por completo, sin dejar, ningún rastro.
¿Qué es necesario, por tanto, para que, todos esos objetos, desaparecidos, vuelvan a existir, de nuevo, o vuelvan a aparecer?
¡¡¡Pues, que, aproximadamente, vuelva a existir, de nuevo, ese cierto porcentaje, de la felicidad humana, máxima, pensado, por el pensamiento, de otra persona, testigo!!!
Javier Rubio Ortín
Be First to Comment