Una persona, el diamante, y el fuego.
Una persona, cuando, duerme, tiende a unirse, y transmutarse, toda ella, en un diamante, eterno, o inmortal (Hacia la felicidad máxima, química del carbono, sangre arterial).
Y esa misma, persona, en su vigilia, tiende a separarse, y transmutarse, toda ella, en fuego (Hacia la felicidad nula, química del fuego, sangre venosa).
Pues bien, la presión arterial, de una persona, mide, la tendencia, que posee, esa persona, a transmutarse, en fuego (Hacia la felicidad nula, química del fuego, sangre venosa).
Y esa tendencia, de esa persona, a transmutarse, en fuego, es decir, su presión arterial, es la tendencia, que posee, esa persona, a enfermarse, envejecer, y morir (Hacia la felicidad nula, química del fuego, sangre venosa).
Ahora bien, si una persona, tiende siempre, a parecerse, a un diamante, puro, o pirámide perfecta, es decir, esa persona, tiende siempre, a unirse, su presión arterial, tiende a volverse, la mínima, y esa persona, no se enferma, ni se envejece, jamás (Hacia la felicidad máxima, química del carbono, sangre arterial).
Javier Rubio Ortín
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