Una persona, viviendo, una vida animal.
Se enfrenta, a infinitos problemas, que, su inteligencia, es, y será, siempre, totalmente incapaz, de solucionar, de una forma saludable, por los siglos, de los siglos.
En cambio, esa misma persona, en su vida natural, viajera, libre, por el cielo, y por los universos, del cosmos, pues, no se encuentra, ni se encontrará, jamás, ante, un problema, sin solución, para su inteligencia.
La locura humana, por tanto, tan solo es, una manifestación, de los infinitos, problemas insolubles, que conlleva, una vida humana, viviendo, una vida, de animales.
Javier Rubio Ortín
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